Perforaciones, de Francisco Afilado





Autor de un libro que leí con mucho interés y gran deleite, del que guardo recuerdo grato pues lo considero uno de los mejores de relatos de los últimos años, regresa Francisco Afilado con un blog de visita obligada. Aquí lo tenéis.

Ángel Olgoso: La máquina de languidecer


Se presentó ayer en Granada el libro de Ángel Olgoso, narrador granadino nacido en 1961 y que tiene en su haber varios libros dedicados al relato que se cuentan entre los mejores que ha dado el género en los últimos años. "Los demonios del lugar", que Olgoso publicó en 2007, fue elegido libro del año por La Clave y por Literaturas.com. Además, resultó finalista del Premio Andalucía de la Crítica.
"La máquina de languidecer" aparece ahora en Páginas de Espuma, la editorial madrileña/granadina que mejores libros de relatos está publicando actualmente en nuestro país. Consta de cien microrrelatos. Autores como Justo Navarro, Manuel Moyano, Miguel Ángel Muñoz y Salvador Gutiérrez Solís han alabado las virtudes narrativas de Olgoso. También ayer José Abad, en la presentación del libro, destacó la calidad de la prosa de Olgoso y la atenta y paciente dedicación que emplea en cada una de sus creaciones, sin importar el tamaño, hasta estar conforme y seguro de cada texto al que pone el punto final. Abad, escritor y crítico en Granada Hoy, hizo un breve e inteligente recorrido por la historia del microrrelato para situar al final en su contexto la notable labor de Olgoso. Así que la recomendación de este libro, como puede verse, viene sustentada en las palabras de cultivadores sabios y entendidos sagaces que saben bien de qué están hablando. Es un libro que, con toda seguridad, no languidecerá en vuestras manos.

Sueños y hombres





Somos persona(je)s y somos sueños. Y hay que aunar ambas cosas para seguir existiendo.








Foto: Carlos Pérez Siquier

El carnicero, de Claude Chabrol

Hay películas que no caducan, que vistas hoy parecen lentas, con argumentos más que conocidos, superadas en casi todos los aspectos. El que se acerque a "El carnicero" con la perspectiva actual de movimientos bruscos de cámara, cortes inesperados, subrayados engrandecidos por la música alta y chirriante, acción con sangre que corre como agua se llevará un chasco. Pero no porque esta película tenga ya a sus espaldas casi cuarenta años, sino porque está hecha para el que ama observar y pensar y no dejarse abrumar por lo alocado de un ritmo y de una trama que encandila pero luego se disipa como el arco iris ( es lo que me ocurre con la mayor parte de las películas recientes).
"El carnicero" basa su fuerza narrativa en lo que no se muestra, en lo que se intuye. Es una película con dos personajes tan sólo y está contada de una manera sutil y adulta, consecuente con toda la historia cinematográfica que tenía detrás. Chabrol nos acerca a la relación entre un asesino, de profesión carnicero, y una maestra que le comprende, que lo ampara, que lo besa. Y nos deja dos escenas memorables: la primera, cuando la maestra encuentra en el lugar de un crimen el encendedor que le regaló al carnicero y lo oculta. Todos pensamos que el asesino es el carnicero. Aunque nada apunta a que pueda serlo, aunque se ha mostrado cordial y afectuoso en todo momento a esa altura del metraje, de inmediato nuestra alma acusadora grita: Es él. No nos paramos a pensar que acaso haya otro encendedor como ese y otra persona que lo poseía y lo ha perdido. La segunda escena es aquella en que la maestra lleva al agonizante asesino al hospital y la cámara muestra los árboles del camino, la carretera, de manera desmayada, agonizante también, de manera misteriosa y onírica, anticipando la muerte del carnicero.
Me parece que ésta es otra obra maestra del gran director francés.

Fraternidad


Hace mucho tiempo que vengo dándole vueltas a la idea de que nos hemos anclado en la conquista de la libertad y ya no avanzamos hacia la igualdad y hacia la fraternidad, éste último el valor más importante que el hombre tiene a su alcance, al de su mano y al de su mente. Creo que todo se sostiene mejor con la fraternidad viva de por medio, con los compromisos fraternos, con el deseo de que el hermano sea tan importante o más que nosotros mismos en nuestra vida diaria. Leyendo a Leonardo Padura Fuentes, buscando después más información sobre él en internet, hallo un artículo -que publicó en El País- absolutamente suscribible y lleno de las mejores enseñanzas posibles, llamado además "Fraternidad", y del que aquí extraigo algunas líneas:

"...las más benditas horas empleadas en disfrutar de la libertad callejera, siempre rodeado por un grupo interminable de amigos de todos los colores imaginables, de todas las extracciones posibles."

"Haber nacido y crecido en fraternidad me hizo el hombre que soy... el sentido de la hermandad me ha acompañado siempre, me ha orientado siempre... siento de un modo visceral y alarmante la existencia cada vez más arrinconada de la fraternidad en el mundo de hoy y el crecimiento indetenible del egoísmo, la mezquindad, el odio y la discriminación".

Es un artículo que me emociona porque sé que está escrito por alguien que es activamente fraterno.


Enlace para leer entero el artículo aquí.


Foto: Willy Ronis

Ernesto Aura, actor de doblaje

Qué grandes voces las de los actores de doblaje españoles de los años cincuenta. En películas como "Ben -Hur" y "Los siete magníficos" nos encandilaban con su pronunciación clara, perfecta y muy sonora, que dotaban a las películas de mayor enjundia, de mayor veracidad. "Los diez Mandamientos" era un prodigio, y a veces volvíamos a plantarnos delante de la pantalla de televisión y seguíamos la película con los ojos cerrados. Mi amigo Juan Herrezuelo y yo hasta repetíamos algunos diálogos y casi llegamos a plantearnos en serio entrar en una escuela para aprender el oficio. Admirábamos a Steve McQueen, a Yul Brynner, por supuesto, pero también a Felipe Peña y Manuel Cano, que les ponían las voces españolas. Discutíamos incluso quién era el dueño de la mejor voz. Mi amigo Juan puso en lo más alto a Manuel Cano, lo definió como "la voz perfecta". Más adelante llegaron las películas en DVD y empezamos a oír las voces de los actores estaounidenses, a reconocerlas y a valorarlas, a identificarlas. La de Al Pacino, por ejemplo, podría señalarla yo aunque estuviera rodeada de otras mil.
Pero la voz que siempre preferí de los actores de doblaje fue la de Ernesto Aura. Quizá me ha pasado siempre con los autores de novelas y los compositores: me echan para atrás los divinos, los números uno. Siempre busco situarme al lado de los que no están en la palestra, del segundo, del tercero, del que no está tocado por los dioses. Acaso esta voluntad de seguir al que no es tan perfecto me refleje. No lo sé. Pero le decía hace años a mi amigo Herrezuelo que Manuel Cano era el mejor y aun así yo prefería a Ernesto Aura, no tan excelso pero sí más real para mí. Supongo que es como todo en la vida: uno admira sin más y luego tiene que buscar explicaciones. O será que le tengo miedo a la perfección. En cualquier caso, un enorme agradecimiento es lo que siento por todos esos magníficos actores de doblaje que llenaron mi cabeza de frases inolvidables y tonos que a veces, en noches de desvelo, se unen a las imágenes de grandes películas que admiro y admiraré siempre.

La mirada del adiós, de José Romero

Metafórico, emotivo cortometraje de José Romero en que se cuenta la historia de unos ojos que han visto desde dos personas diferentes el mar, acaso el mismo mar, seguramente disfrutándolo con igual sensibilidad y deseo de belleza. Son casi diez minutos muy bien narrados e interpretados, muy bien llevados por José Romero, que dirige cine, escribe, sabe ver con ojos muy abiertos.

Que lo disfrutéis.